Pensando en cosas del “más acá” apenas prestaba atención a la trama. Era tarde, una de esas series sobre el “más allá” dentro del televisor. Miraba pero no veía, absorta, sin interés… Un cuarto de baño comenzó a inundarse con el protagonista dentro, aquello llamó mi atención sacándome del “ácaro” e introduciéndome en el agua. Todos los grifos demoníacamente abiertos, desesperados, todas las puertas cerradas, sin salida, y él, más desesperado trataba de abrirlas… Rápidamente su cuerpo quedó inmerso, un miedo antiguo apareció en su mente… Era un niño y casi se ahoga en un lago oscuro… Y oscuro comenzó a volverse el entorno… oscuro y denso… Su mente se iba apagando, ya no podía respirar pero sus ojos comenzaron a ver mientras flotaba, como en el primer líquido allá en el vientre… Y un hermoso racimo de imágenes comenzó a proyectarse en su mente, una tras otra, rápidas, fugaces… Perdía la conciencia… Se iba perdiendo su existir.Al final se salvó (cosa que suele pasarle a los protagonistas) pero aquella típica escena de E.C.M. (experiencia cercana a la muerte) sin túnel blanco (no sería para nada su hora o el presupuesto no llegó para tanto) tantas veces reproducida en películas y series me hizo pensar… (Qué raro: yo pensando!!!!)… Al menos me sacó del “ácaro” de la preocupación y me llevó a otros lares… Y pensando pensé… ¿En qué pensaría yo si estuviera a punto de morir y de verdad viera la “película de mi vida” pasar por delante?… No sé, no creo que a uno le de tiempo de verlo todo (o sí), pero me perdí en instantes, en momentos especiales, buenos, malos… Y pensando más pensé… Probablemente haya mil cosas que estén ahí, que nos hayan marcado de alguna u otra manera y no recordemos durante el día a día, y nos sorprenderíamos al verlas en ese instante… ¿Cuántas cosas guardamos?, ¿Cuántas guardaríamos?, ¿Cuántas nos llevamos de verdad?
Si fuera cierto que esto ocurre no lo sabremos hasta que el momento llegue, pero quitándole el lado macabro al tema, sería precioso pensar, recordar cada instante, todos esos momentos de nuestra vida que la mente archiva y que nos hicieron felices o nos transformaron, que cambiaron nuestras vidas… Echar por un momento la vista atrás y hacer recuento…
Más tarde, al día siguiente mi oráculo estuvo en casa y me contó por boca de Jorge Bucay un precioso cuento, es éste, escuchadlo (aunque muchos igual lo conocéis):
Y enlazando ideas quise hacer el experimento, retroceder en el tiempo y contar cada segundo, cada instante de felicidad, o de ternura, y por qué no también de dolor pues éste nos forma y conforma del mismo modo…
Y escribí... Unos 6 ó 7 folios, sólo frases, palabras sueltas... Y me di cuenta que cada vez que repasaba aparecían momentos nuevos. Es imposible o al menos lo es para mi, recordar cada instante importante de mi vida, quizás los recuerde cuando llegue ese momento, quizás vuelva a ver la primera luz que vieron mis ojos. Y quizás mis ojos nunca lleguen a quedarse a oscuras.
Sólo dejaré el primero y el último escritos:
·La noria de colores que aparecía en el cielo, enorme, majestuosa, cuando el afilador tocaba esa melodía grabada por siempre en mi mente y me asomaba al balcón inundada de sol. Aunque nunca vi al afilador.
·Pase lo que pase tengo que seguir luchando.
Puede que no no debamos esperar al último suspiro para valorar nuestros instantes de brillo, de vida, de felicidad, de cambio… Y a ello os invito si gustáis. Compartirlo o no es vuestra voluntad. Aunque me encantaría conocer alguno.
Encontré esta joya de canción, esta preciosa versión del tema de Los Secretos… “Si mirara más hacia el espejo y menos a la ciudad…”…
Un beso a todos, a todos…
P.D.: Ayer martes fue un día muy duro, por ello y aunque algunos no sean conscientes doy las gracias a: Nacho, mamá, Paty, Alberto, Carlos, Lobo, Santi, mi querido Mesa, José Luís…
Gracias por quererme.






















