
Sí, quizás debería dejar de sentirme culpable por estar sentada frente al muelle escuchando gaviotas extranjeras. Debería dejar de sentirme culpable por poder oler el sieno, lodo marino muerto sobre cemento. Debería dejar de sentirme culpable por ver la sombra de mi mano contra el papel, rodeada de dulce ocre. Por ver las montañas del horizonte cubiertas de bruma mientras la fina brisa envuelve mis gasas de difunta que resucita al leve sol de la tarde que se marcha. No debería sentirme culpable por llenar de aire limpio mis pulmones y exhalarlo pausadamente. No por escuchar el lenguaje de las aves y el rumor quedo del mar. No por estar a cientos de kilómetros del todo y del vacío. No, porque no pertenezco a nadie ni a nada, soy una ínfima parte de Dios y la consecuencia de mis actos. Y todo ello me trajo esta tarde aquí. Y desde aquí despido con flores imaginarias las cenizas del pasado y limpio mi alma en ritual silencioso. Me deshago dolorosa y dulcemente de los harapos de lo que ya no existe y soy capaz de sentirme tan profundamente sola que hasta el bostezo de la tarde me llena de paz. No hay máscara, no hay juego, ni disfraz, ni mentira, ni verdad. Soy yo. Sólo yo. La esencia oscura de la muerte se disipa, se esparce, sale por cada sereno poro de mi cuerpo sin acto más violento que la pausada respiración de mis agallas. Las verdaderas despedidas se producen en lo más interno del ser, en lo más escondido. No, no he de sentirme culpable por tener la fortuna de pasar así mi duelo. El mío. En tu milenaria compañía.
“No, y sigo diciendo que la culpabilidad es inútil. El error está permitido, siempre que se cometa una sola vez y dentro de una búsqueda sincera de conocimiento. Ésa es la condición humana: el hombre busca el conocimiento, ¿y qué es el hombre en busca de algo sino, por definición, un ser errático? El error es parte integrante del camino. Abandonamos esas experiencias negativas, pero sin arrepentimiento alguno. Nos habían abierto la puerta del verdadero acto poético. Para hacer una tortilla hay que romper los huevos”. (...)
“¿Y el despertar? Las tradiciones espirituales hablan de los que han despertado…
"Despertar es dejar de soñar, desaparecer de ese universo onírico para convertirse en aquel que lo sueña”.
“EL DESPERTAR DE LA DURMIENTE” (“Los Colores de Ariam”)>>>>



























